sábado, 14 de mayo de 2011

Peinando el viento…

45d-2-24
El Peine del Viento (1.976). Eduardo Chillida (1.924-2002). Bahía de la Concha (S. Sebastián)
...Pero, casi tanto como la luz, el viento parece un habitante obligatorio de las esculturas de Chillida. Por los pasadizos que abre en la piedra, y que constituyen a veces pequeños laberintos misteriosos, o en esas elegantes ventanas geométricas que parecen estar allí para que por ellas se asomen al mundo exterior las criaturas que, según las leyendas más antiguas, han sido secuestradas y habitan en el corazòn de las rocas….
45d-2-22
… y aun en las ligeras incisiones que recorren las estelas o los recintos de aire que circundan los gigantescos brazos de hormigón o de hierro de las obras públicas de gran tamaño, circula siempre el viento, hálito refrescante, animador, que alegra y aligera el tremendo volumen...
45d-2-23
Son piezas imponentes, pero uno no se siente aplastado ni atemorizado por su potencia, gracias a esa respiraciòn que las humaniza. En las más grandes, además de circular por toda su geografía, el viento también silba y canta. …
Mario Vargas Llosa. Peinar el viento (2001)

martes, 3 de mayo de 2011

La devoción del caminante…

45d-2-16
Si nos pudiera hablar desde su  humilde emplazamiento, tal vez nos  confesara que estaba al borde de un ataque de nervios… Nos hablaría,tal vez, intentando olvidar sus temores del porqué de su ubicación.
Quizás nos diría que allí, la cuesta, viniera el caminante de donde viniera, había llegado a su final y  comenzaba una suave bajada.
O que tal vez fue la personal plegaria de algún combatiente de la guerra civil. Desde donde se situaba el cercano  nido de ametralladoras era fácil verla y rogar por  salir con bien en las frecuentes escaramuzas que allí se sufrían. 
O quizás ni una cosa ni la otra, o todas a la vez. El lugar desde donde el caminante, después de atravesar parajes inhóspitos y deshabitados, esbozaba una oración, y un suspiro de alivio, al contemplar  las murallas de la ciudad y la seguridad que le reportaban.
Pero puede también, que quizás esa cruz se olvidara de sus agitados recuerdos y nos confesara su temor. Lo que ni el tiempo ni las guerras habían conseguido, el derribarla, lo iban a lograr esos engendros mecánicos que pasaban a su lado durante las labores agrícolas. Y eso que el labrador con toda su buena fe, no pasaba año sin que la adecentara con un  buen baño de cal.  Pero temblaba de pánico y se escoraba cada vez más cuando los sentía acercarse y temblar la tierra bajo sus pies…
45d-2-15
Muchos meses, tal vez años, aunque no demasiados, sigue soportando las inclemencias del tiempo. Allí sigue, como el primer día, sorprendiendo al caminante por su humilde tamaño y compostura. De vez en cuando, algún creyente la adorna con una flor y, tal vez sea esa la razón por la que perdura en tan inhóspito lugar. ¿ Quién se atreve a quitar esa pequeña imagen y provocar una posible ira divina?  Mejor dejarla allí, por si acaso, dirán algunos…
Desde que la vi la primera vez, pensé que era una de aquellas figuras que, encima de la mesita de noche, conocí en los lejanos tiempos de la infancia. Se iluminaban en la noche con una luz que siempre me intrigó y que iba recolectando durante el día.
Cuando paso por aquellos lugares suelo acercarme para comprobar que aún está. Y vaya si está. Pero por si acaso alguna descreída oveja  de los rebaños que pastan en las cercanías, o algún pájaro irreverente pudiera alterar su difícil equilibrio, alguien le preparó una minúscula base de cemento que le asiste en su estabilidad…