lunes, 31 de octubre de 2011

Frente al mar…

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¿La ola no tiene forma?
En un instante se esculpe
y en otro se desmorona
en la que emerge, redonda.
Su movimiento es su forma.
45d-2-115 

Las olas se retiran
¿ ancas, espaldas, nucas ?
pero vuelven las olas
¿ pechos, bocas, espumas ?
45d-7
Muere de sed el mar.
Se retuerce, sin nadie,
en su lecho de rocas.
Muere de sed de aire.
                                                 Octavio Paz (1.914-1.998)

sábado, 22 de octubre de 2011

Y honrarás…

45d 

Es aprendiz de todo, maestro en nada
Es poeta a su modo, le gusta el alba
Y entre sus manos florecen a escondidas algunas llagas.
Tiene cansado el cuerpo, cansada el alma
Tiene un interrogante sobre su cara,
Tiene un camino
Tiene cansado el cuerpo, cansada el alma
Luce sobre su pecho camisa blanca
Con su mirada me dice que la vida no vale nada.


45d-2-102

viernes, 7 de octubre de 2011

Gorriones…

45d-2-89
Los gorriones son los niños del aire, la chiquillería de los arrabales, plazas y plazuelas del espacio. Son el pueblo pobre, la masa trabajadora que ha de resolver a diario de un modo heroico el problema de la existencia.
Su lucha por existir en la luz, por llenar de píos y revuelos el silencio torvo del mundo, es una lucha alegre, decidida, irrenunciable. Ellos llegan, por conquistar la migaja de pan necesaria, a lugares donde ningún otro pájaro llega…
45d-2-90
Se les ve en los rincones más apartados. Se les oye en todas partes. Corren todos los riesgos y peligros con la gracia y la seguridad que su infancia perpetua les ha dado. Sólo su valentía de gorrión se atreve con el invierno. Las otras aves rehúyen los malos tratos del diciembre y el enero, emigran a los países de primavera y verano constantes.
Sólo el gorrión permanece ante los duros tiempos…

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Avanza y avanza. Hasta que se siente rendido y en la necesidad de tomarse una tregua.
Entonces, desciende y se detiene sobre un árbol para cobrar nuevos bríos. Pero la tierra, que no es transparente como el aire, está llena de asechanzas.
Un hombre, concentrado todo él en apuntarle sobre un arma de pólvora, guiña el ojo, tuerce la boca, hunde un dedo en el gatillo del arma con sus manos peludas aferradas a ella. La mirada avizora del gorrión no ha reparado en el terrible bulto negro que procura disimularse tras un tronco. Suena el disparo…
¿Y el gorrión? ¿Ha sido destrozado? Algo del plumón de su pecho flota y se aleja en la brisa. Pero nuestro héroe vuela ya muy lejos y muy alto, camino de la casa azul y blanca.
El gorrión y el prisionero. Miguel Hernández (1.910-1.942)