La devoción del caminante…
Si nos pudiera hablar desde su humilde emplazamiento, tal vez nos confesara que estaba al borde de un ataque de nervios… Nos hablaría,tal vez, intentando olvidar sus temores del porqué de su ubicación. Quizás nos diría que allí, la cuesta, viniera el caminante de donde viniera, había llegado a su final y comenzaba una suave bajada. O que tal vez fue la personal plegaria de algún combatiente de la guerra civil. Desde donde se situaba el cercano nido de ametralladoras era fácil verla y rogar por salir con bien en las frecuentes escaramuzas que allí se sufrían. O quizás ni una cosa ni la otra, o todas a la vez. El lugar desde donde el caminante, después de atravesar parajes inhóspitos y deshabitados, esbozaba una oración, y un suspiro de alivio, al contemplar las murallas de la ciudad y la seguridad que le reportaban. Pero puede también, que quizás esa cruz se olvidara de sus agitados recuerdos y nos confesara su temor. Lo que ni el tie...