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Mi sombra…

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Mi sombra no es muy grande y va siempre conmigo, pero qué hacer con ella, yo nunca lo he sabido. Es idéntica a mí, mide lo mismo de alto, y salta junto a mí cuando a la cama salto. Lo más raro que tiene es que crece a su modo, no como hacen los niños, que es siempre poco a poco; porque a veces se estira cual si fuese de goma y es tan pequeña a veces que se esfuma y se borra. No tiene ni noción de cómo juega un niño, y encuentra mil maneras de ponerme en ridículo. Se nota que es cobarde por cómo se me pega, pero yo hago igual que ella: ¡me pego a mi niñera! Un día muy temprano, antes de verse el sol, salí al jardín: brillaba rocío en cada flor; pero mi sombra vaga, dormida y haragana, no se vino conmigo y se quedó en la cama. R. L. Stevenson ( 1.850-1.894)

El agua y la alberca…

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El agua que está en la alberca y el verde chopo son novios y se miran todo el día el uno al otro.  En las tardes otoñales, cuando hace viento, se enfadan: el agua mueve sus ondas, el chopo sus ramas; las inquietudes del árbol en la alberca se confunden con inquietudes de agua.   Ahora que es la primavera, vuelve el cariño; se pasan toda la tarde besándose silenciosamente. Pero un pajarillo que baja desde el chopo a beber agua, turba la serenidad del beso con temblor vago. Y el alma del chopo tiembla dentro del alma del agua. Pedro Salinas ( 1.891-1.951)