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Mostrando entradas de octubre, 2012

Si las piedras respondieran...

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Llamo a la puerta de una piedra. -Soy yo, déjame entrar. Quiero penetrar en tu interior, echar un vistazo, respirarte.
-Vete -dice la piedra-. Estoy herméticamente cerrada. Incluso hecha añicos, sería añicos cerrados. Incluso hecha polvo, sería polvo cerrado.



-Soy de piedra –dice la piedra- Imposible perturbar mi seriedad. Vete, no tengo músculos risorios. Llamo a la puerta de una piedra. Soy yo, déjame entrar. Me han dicho que encierras salas enormes y vacías, nunca vistas y bellas en vano, mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie. Confiésalo: ni tú misma lo sabías.



-Salas enormes y vacías –dice la piedra-. Pero no hay espacio disponible. Bellas, quizá, pero no para el gusto de tus limitados sentidos. Puedes verme pero nunca catarme. Mi superficie te da la cara, pero mi interior te vuelve la espalda.





Llamo a la puerta de una piedra. -Soy yo, déjame entrar. No puedo esperar mil siglos para entrar en tus paredes.
-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-, acude a la hoj…

Vámonos al mercado...

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Vámonos al mercado. Necesitamos un descanso. Estamos trabajando desde la aurora. No pensando ahora en nada, germinará en el fondo de la conciencia lo que necesitamos. El mercado nos ofrece pasto apacible para la vista. Tenemos aquí ya el concierto de los vivos colores. Nos encontramos ya entre la apretada multitud y nuestros oídos son asordados por los gritos de los vendedores. Nos llaman acá y allá con vehemencia, y sonreímos...

Vayamos con calma. Observémoslo todo con detención y orden. Lo primero son las alcamonías, es decir, el azafrán, la pimienta, el clavo, el tomillo salsero, los vivaces cominos, los ajos. Sin las alcamonías no se puede hacer nada. Tendremos tiernas carnes y frescas verduras. Pero no nos servirán de nada. Escribe prosa el literato, prosa correcta, prosa castiza, y no vale nada esa prosa sin las alcamonías de la gracia, la intuición feliz, la ironía, el desdén o el sarcasmo....


Los pimientos y los tomates nos dan lo rojo. Los rábanos el …

El libro de mi vida...

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Déjame observar junto al fuego y recordar mis dias
Y  lo que vea puede ser un truco de la luz 
Pero las páginas fulgurantes que turban mi vista 
Son las del un libro que tengo miedo de escribir 
Es el libro de mis días, es el libro de mi vida



Y está cortado como una fruta por la hoja de un cuchillo 
Y todo lo que hay para ver  a medida que los capítulos se despliegan
Revelan que hay algo de tristeza en toda vida







Hay promesas incumplidas y promesas cumplidas 
Palabras duras que fueron dichas cuando debería haber llorado

Dias de lluvia...

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La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.


      Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.


Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
Lluvia. Federico García Lorca (1.898- 1.936)