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Mostrando entradas de febrero, 2012

Gotas de lluvia que al caer…

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La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe... Lluvia. Federico García Lorca

1, 2 y 3…lo que usted no quiera para El Rastro es…

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“…  En las aceras de la calle se ponen los vendedores de cosas viejas y allí se encuentra de todo, menos lo que se busca. Todas las cosas viejas que se desechan de las casas, allí se venden.   Uniformes de la época de Fernando VII, muebles, cuadros, alfombras, tapices, instrumentos de música abollados, cacharros de todas clases, estuches de cirugía roñosos, bicicletas viejas con las ruedas torcidas, relojes absurdos, verjas de hierro, lápidas de sepulturas con el nombre carcomido, coches viejos con las ruedas rotas o un agujero en el techo por el que cae el sol sobre el resto de terciopelo del asiento...”

“… Hierro viejo, mucho, mucho hierro viejo: barras retorcidas que nadie sabrá decir qué fueron, aros, tubos, piezas de máquinas pesadas, ruedas dentadas descomunales que dan escalofrío de pensar en la mano triturada por sus dientes, yunques con la nariz rota, rollos de alambre llenos de ocre de la roña, herramientas: limas desgastadas con los dientes embotados de limaduras, martil…

Y entonces llegó…Vitín.

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Vitín es pequeñito, pero tiene los pies grandes. Su caminar atrae la atención, y cuando avanza parece desfilar mientras su pierna se levanta recta al dar cada  paso.  Si alguien se lo hace notar, responde que uno de sus antepasados fue un soldadito de plomo. Pero por su manera de sonreír dudo si es verdad o, incluso, si él se lo cree.
Y su sonrisa, siempre dibujada en su rostro, siempre alegre. Tengo que hacer memoria  un buen rato para encontrar algún momento en el que lo haya visto triste.  Uno de esos momentos sucede, cada primavera, cuando se despide de sus amigos los tulipanes que se repliegan hasta el siguiente año. y es que le gusta dormir en su interior, protegido por sus pétalos que se cierran durante  la noche para abrigarlo.
Cree también que  debido a sus pies tan grandes no puede volar. Y se reafirma en su idea al mirar a los gorriones, incluso su amiga la lechuza, que es muy grande, tiene las patas pequeñas. Está seguro… la culpa de no poder volar la tienen sus pies. Por…