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Mostrando entradas de 2012

En el país del agua...

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... Dejaron de ser hombres del agua para convertirse en hombres de la tierra; dejaron de pescar y cazar y se convirtieron en fontaneros de la tierra. Se unieron al destino de los Fens, que no consistía en luchar a favor, sino en contra del agua...






     O quizá nunca dejaron de ser hombres del agua. Quizá se convirtieron en anfibios. Porque si te dedicas al drenaje estás siempre en contacto con el agua; tienes que conocer sus humores.







      Si trabajas con agua tienes que conocerla y respetarla. Cuando te esfuerzas por dominarla, tienes que comprender que algún día puede subir y arrasar todo lo que has construido. 

     Porque, ¿qué es el agua, niños, qué es eso que trata de dejarlo todo al mismo nivel, que no tiene prisa ni color propio, que no es más que una forma líquida de la nada?...

Dialogo de nubes...

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Cuando me asomé a la ventana, las nubes crepusculares seguían ahí. Parecían estar esperando. ¿ Debería contarles también a ellas una historia? Se lo propuse, pero no me oían.
   Para explicarme y acortar la distancia entre nosotros grité :      - Yo tambien soy una nube crepuscular.




     Se quedaron inmóviles; sin duda alguna me estaban observando.      Entonces alargaron sus finas y transparentes alas rojizas hacía mí. De esta forma se saludan las nubes crepusculares.Me habían reconocido.
Historias del Buen Dios. Rainer María Rilke (1.875-1.926)


Escaleras... (IV)

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Soy el apogeo de las cosas logradas y contengo las cosas que serán. Mis pies se asientan sobre el peldaño más alto de la escalera, En cada peldaño hay racimos de épocas,  y racimos mayores entre un peldaño y otro, Todos los inferiores han sido ya recorridos y,  no obstante, asciendo y asciendo.


Asciendo, y detrás de mí se inclinan los fantasmas, Veo, allá lejos, la primigenia Nada enorme,  sé que estuve en ella, Esperé siempre, invisible, y me dormí en la niebla letárgica, Y no tuve prisa, y no recibí daño del fétido carbono.


Mucho tiempo estuve en brazos de las tinieblas -mucho tiempo. Inmensa fue la gestación de mi ser, Fieles y cariñosos los brazos que me ayudaron.
Hojas de hierba. Walt Whitman (1.819-1.892)

Las alas de las mariposas

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Quisiera hacer un verso que tuviera ritmo de Primavera; que fuera como una fina mariposa rara,






Como una mariposa que volara sobre tu vida, y cándida y ligera revolara sobre tu cuerpo cálido de cálida de palmera y al fin su vuelo absurdo reposara —tal como en una rosa azul de la pradera— sobre la linda rosa de tu cara...






Quisiera ser un verso que tuviera toda la fragancia de la Primavera y que cual una mariposa rara revolara sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara. Nicolás Guillén ( 1.902-1.982)

Si las piedras respondieran...

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Llamo a la puerta de una piedra. -Soy yo, déjame entrar. Quiero penetrar en tu interior, echar un vistazo, respirarte.
-Vete -dice la piedra-. Estoy herméticamente cerrada. Incluso hecha añicos, sería añicos cerrados. Incluso hecha polvo, sería polvo cerrado.



-Soy de piedra –dice la piedra- Imposible perturbar mi seriedad. Vete, no tengo músculos risorios. Llamo a la puerta de una piedra. Soy yo, déjame entrar. Me han dicho que encierras salas enormes y vacías, nunca vistas y bellas en vano, mudas, donde nunca han retumbado los pasos de nadie. Confiésalo: ni tú misma lo sabías.



-Salas enormes y vacías –dice la piedra-. Pero no hay espacio disponible. Bellas, quizá, pero no para el gusto de tus limitados sentidos. Puedes verme pero nunca catarme. Mi superficie te da la cara, pero mi interior te vuelve la espalda.





Llamo a la puerta de una piedra. -Soy yo, déjame entrar. No puedo esperar mil siglos para entrar en tus paredes.
-Si no crees en mis palabras –dice la piedra-, acude a la hoj…

Vámonos al mercado...

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Vámonos al mercado. Necesitamos un descanso. Estamos trabajando desde la aurora. No pensando ahora en nada, germinará en el fondo de la conciencia lo que necesitamos. El mercado nos ofrece pasto apacible para la vista. Tenemos aquí ya el concierto de los vivos colores. Nos encontramos ya entre la apretada multitud y nuestros oídos son asordados por los gritos de los vendedores. Nos llaman acá y allá con vehemencia, y sonreímos...

Vayamos con calma. Observémoslo todo con detención y orden. Lo primero son las alcamonías, es decir, el azafrán, la pimienta, el clavo, el tomillo salsero, los vivaces cominos, los ajos. Sin las alcamonías no se puede hacer nada. Tendremos tiernas carnes y frescas verduras. Pero no nos servirán de nada. Escribe prosa el literato, prosa correcta, prosa castiza, y no vale nada esa prosa sin las alcamonías de la gracia, la intuición feliz, la ironía, el desdén o el sarcasmo....


Los pimientos y los tomates nos dan lo rojo. Los rábanos el …

El libro de mi vida...

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Déjame observar junto al fuego y recordar mis dias
Y  lo que vea puede ser un truco de la luz 
Pero las páginas fulgurantes que turban mi vista 
Son las del un libro que tengo miedo de escribir 
Es el libro de mis días, es el libro de mi vida



Y está cortado como una fruta por la hoja de un cuchillo 
Y todo lo que hay para ver  a medida que los capítulos se despliegan
Revelan que hay algo de tristeza en toda vida







Hay promesas incumplidas y promesas cumplidas 
Palabras duras que fueron dichas cuando debería haber llorado

Dias de lluvia...

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La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.


      Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.


Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
Lluvia. Federico García Lorca (1.898- 1.936)



Mensaje para una botella...

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Algunas veces vivo y otras veces la vida se me va con lo que escribo; algunas veces busco un adjetivo inspirado y posesivo que te arañe el corazón; luego arrojo mi mensaje, se lo lleva de equipaje una botella..., al mar de tu incomprensión.No quiero hacerte chantaje, sólo quiero regalarte una canción. que se llama soledad.Y algunas veces suelo recostar mi cabeza en el hombro de la Luna y le hablo de esa amante inoportuna que se llama soledad... Joaquín Sabina. "Que se llama soledad"(2000)

Es la música...

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Vivo por ella sin saber si la encontré o me ha encontrado,
ya no recuerdo como fue, pero al final me ha conquistado
vivo por ella que me da toda mi fuerza de verdad,
vivo por ella y no me pesa.



Vivo por ella yo también,
no te me pongas tan celoso,
ella entre todas es la más dulce y caliente como un beso,
ella a mi lado siempre está
para apagar mi soledad
más que por mi por ella yo vivo también... 



Es la musa que te invita...
a tocarla suavecita...
en mi piano a veces triste
la muerte no existe si ella está aquí... 
 Andrea Bocelli ."Vivo por ella". Album: Romanza (1.996)

El tiempo de las máquinas...

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...Fue, pues, a las diez de hoy cuando la primera de todas las Máquinas del Tiempo comenzó su carrera. Le di un último toque, probé todos los tornillos de nuevo, eché una gota de aceite más en la varilla de cuarzo y me senté en el soporte. ...Cogí la palanca de arranque con una mano y la de freno con la otra, apreté con fuerza la primera, y casi inmediatamente la segunda. Me pareció tambalearme; tuve una sensación pesadillesca de caída; y mirando alrededor, vi el laboratorio exactamente como antes.  ¿Había ocurrido algo? Por un momento sospeché que mi intelecto me había engañado...


...Respiré, apretando los dientes, así con las dos manos la palanca de arranque, y partí con un crujido. El laboratorio se volvió brumoso y luego oscuro.     La señora Watchets, mi ama de llaves, apareció y fue, al parecer sin verme, hacia la puerta del jardín. Supongo que necesitó un minuto o así para cruzar ese espacio, pero me pareció que iba disparada a través de la habitación como un cohete. Empujé la pa…

Abandono...

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No es tu final como una copa vana que hay que apurar. Arroja el casco, y muere. Por eso lentamente levantas en tu mano un brillo o su mención, y arden tus dedos, como una nieve súbita. Está y no estuvo, pero estuvo y calla. El frío quema y en tus ojos nace su memoria. Recordar es obsceno, peor: es triste. Olvidar es morir. Con dignidad murió. Su sombra cruza.
El olvido. Vicente Aleixandre   (1.898-1.984)              

Londres...

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Después del pánico del continente, Londres era un sanatorio donde yo me refugiaba durante algunos días para guardar régimen y someterme a una cura, una cura de duchas frías en la hospitalaria tranquilidad que cubría la isla por entero. Me encantaba llegar a Londres y me encantaba partir de Londres. Lo mismo les sucedía a los ingleses...

Pensaba que los ingleses no «vivían», que en ningún caso «vivían» en el sentido centroeuropeo, inquietante, de la palabra, según el cual la vida es una representación continua… La gente continental tarda en aprender que los ingleses no son en absoluto «inocentes»; lo que ocurre es que la astucia típica de la gente del este y del centro de Europa, su astucia para hacer negocios, para conquistar y embelesar no puede con la tranquilidad bien informada de los ingleses...



        El extranjero no suele «sentirse bien» entre ingleses, se aburre y sufre a causa de la soledad. Sin embargo, las personas profundamente heridas y vanidosas como yo era entonces y com…

Maldito caballo...

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No montes ese caballo,
“pa” pasar de la verdad,
mira que su nombre es muerte,
y que te enganchará.
Es imposible domarlo,
desconoce la amistad,
es un caballo en la sangre,
que te reventará.
 Por el camino del caballo,
tendrás un espejismo,
cuando te creas más libre,
es cuando más cogido estás.




 El torbellino del tiempo,
del negocio y del poder,
te empujan sobre unos cascos,
hechos de sangre de hiel.

Escucha mi voz hermano,
desnuda está de moral,
apéate del caballo,
y empieza a caminar.
Un caballo llamado Muerte. Album Rock & Rios (1.982) Miguel Rios







A un panal de rica miel...

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Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar, es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de conservarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba del todo.
         Era, pues, una abeja haragana. 


Todas las mañanas apenas el sol calentaba el aire, la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo, se peinaba con las patas, como hacen las moscas, y echaba entonces a volar, muy contenta del lindo día. Zumbaba muerta de gusto de flor en flor, entraba en la colmena, volvía a salir, y así se lo pasaba todo el día mientras las otras abejas se mataban trabajando para llenar la colmena de miel, porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas...
La abeja haragana. ( Cuentos de la selva).  Horacio Quiroga (1879-1937)




Ruinas...

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Una casa sin dueño, perdida entre los álamos, ha dejado que el agua de la lluvia incansable habite sus estancias, derribe los aleros.
Un camino rodea la morada sin dueño: desconchones y grietas, la polilla callada que estará en algún sitio, y el estrago del tiempo ocupándolo todo en la casa escondida.
Nadie busca la historia de tanta ruina inútil: todos pasan de largo y alguien hace una foto, sólo el agua se queda sin hacerse preguntas. Casa escondida. José Carlos Rosales

El buscavidas...

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...A nadie parecía extrañar que yo me quedara allí, solo, parado durante horas, en aquel banco, mirando pasar a todo el mundo...



   ...No obstante, en determinado momento, el policía del centro de la calzada, colocado ahí como un tintero, empezó a sospechar que yo tenía proyectos chungos...



     ...Donde quiera que estés, en cuanto llamas la atención de las autoridades, lo mejor es desaparecer y  a toda velocidad.       Nada de explicaciones.      ¡Al agujero!, me dije...
Viaje al fin de la noche (1.931) . Louis F. Celine (1.894-1.961)