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Mostrando entradas de abril, 2013

Abril para vivir...

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Abril para vivir, abril para cantar,
Abril, flor de la vida al corazón,
Abril para sentir, abril para soñar,
Abril, la primavera amaneció


La luna fue de abril, en abril fue el amor,
Que un día entre las rosas despertó
Toda la soledad de flores se llenó
Dejando por el aire esta canción


                    Como una golondrina por el mar se perdió
                        Como una golondrina el amor se llevó
                             Y me dejó el dolor para cantar
                                La luna de abril para olvidar...

Luna de Abril. Carlos Cano (1.946-2.000)

Miradas...

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En algún 
lugar al que nunca he viajado, 
felizmente más allá de toda experiencia, 
tus ojos tienen su silencio: 
En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean 
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca. 



Con solo mirarme, me liberas.  Aunque yo me haya cerrado como un puño, 
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser, 
como la primavera abre con un toque diestro 
y misterioso su primera rosa.



O si deseas cerrarme, yo y  mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente, 
como cuando el corazón de esta flor imagina 
la nieve cayendo cuidadosa por doquier. 




Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala  la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura 
me somete con el color de sus campos, 
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.


Ignoro tu destreza para cerrar y abrir 
pero, cierto es que algo me dice 
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas... 

Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.

E.E. Cummings ( 1.894-1.962)

A un gato...

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No son más silenciosos los espejos Ni más furtiva el alba aventurera; Eres, bajo la luna, esa pantera Que nos es dado divisar de lejos. Por obra indescifrable de un decreto Divino, te buscamos vanamente;

Más remoto que el Ganges y el poniente,
Tuya es la soledad, tuyo el secreto. Tu lomo condesciende a la morosa Caricia de mi mano.

Has admitido, Desde esa eternidad que ya es olvido, El amor de la mano recelosa. En otro tiempo estás. Eres el dueño De un ámbito cerrado como un sueño.                                                                                                     Jorge L. Borges(1.899-1.986)