1, 2 y 3…lo que usted no quiera para El Rastro es…

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     “…  En las aceras de la calle se ponen los vendedores de cosas viejas y allí se encuentra de todo, menos lo que se busca. Todas las cosas viejas que se desechan de las casas, allí se venden.
  Uniformes de la época de Fernando VII, muebles, cuadros, alfombras, tapices, instrumentos de música abollados, cacharros de todas clases, estuches de cirugía roñosos, bicicletas viejas con las ruedas torcidas, relojes absurdos, verjas de hierro, lápidas de sepulturas con el nombre carcomido, coches viejos con las ruedas rotas o un agujero en el techo por el que cae el sol sobre el resto de terciopelo del asiento...”

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“… Hierro viejo, mucho, mucho hierro viejo: barras retorcidas que nadie sabrá decir qué fueron, aros, tubos, piezas de máquinas pesadas, ruedas dentadas descomunales que dan escalofrío de pensar en la mano triturada por sus dientes, yunques con la nariz rota, rollos de alambre llenos de ocre de la roña, herramientas: limas desgastadas con los dientes embotados de limaduras, martillos de formas inverosímiles, tenazas de labios carcomidos, alicates con la pata rota, escoplos desbocados, cinceles, taladros, barrenas, escuadras… “
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    “… Centenares de puestos. Millares de personas a ver y a comprar; Madrid entero se pasea en el Rastro, los domingos por la mañana.
        Entre tanta porquería me siento feliz, porque el Rastro es un museo inmenso de cosas y de gentes absurdas. De aquí va saliendo poco a poco mi máquina de vapor….”
La forja de un rebelde. Arturo Barea ( 1.897-1.957)
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