¿ Jerónimo… o Pietro ?

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San Jeronimo (detalle) Pietro Torrigiano. Museo Bellas Artes de Sevilla


¿Diez..quince...? Muchos años han pasado ya desde aquella lejana mañana en la que casi me caigo de la impresión. Ahora, tal vez, ante las suplicas de los vigilantes de la sala, hartos ya de los sobresaltos de los visitantes, han abierto el hueco de la pared y ya se te ve desde lejos.
Para bien o para mal, el efecto sorpresa ha desaparecido…


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Sala del Museo de Bellas Artes (Sevilla)

No me negarás que entrar en aquella habitación y encontrarte con esa actitud, a medio camino entre la amenaza y el ataque, no produce una lógica inquietud. 
Te hacías llamar Jerónimo, pero ese barro cocido tiene toda la pinta de representarte a tí en toda tu violencia y arrepentimiento.
Porque fama de camorrista ya traías cuando recalaste en Sevilla desde tu Florencia natal…

45d-2-100San Jerónimo. Pietro Torregiani (1.472-1.528)


Pero alma de Dios, ¿ A quien se le ocurre romperle la nariz a Miguel Angel? Si era como el Messi o el Ronaldo de la época. Al pobre lo dejaste desfigurado para el resto de su vida, y tu, terminaste, tambien de por vida, con ese sambenito de pendenciero.
Pero has creado escuela y esa pose, aunque con diferente resultado, te la han copiado una y otra vez. A veces te causa hilaridad no exenta de cierto enojo cuando te comparan con el santo dominico que Martínez Montañés recreó.

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Santo Domingo penitente (1.605). Juan Martínez Montañes


Pero has tenido suerte, Pietro. Aquella que por unos motivos u otros de faltó en tu vida terrena, ahora la tienes de sobra. Reconocido y afamado has salido con buen pie de la carcel del olvido, tan dura y torturadora o más, que aquella de la Inquisición en la que terminaron tus dias.
Y ahora te dejo en tu eterna duda entre la piedra y la cruz. ..

45d-2-99S. Jerónimo (detalle). Pietro Torregiani


Voy a visitar a Bartolome Murillo, está algo mosqueado conmigo desde que hice una broma con su nombre y le llamé...Bartolillo.

Comentarios

  1. Sobrio y elegante en sus comentarios. Me han hecho disfrutar muy gratamente. La tensión muscular del pendenciero nos lleva más allá y nos hace vivenciar nuestras propias tensiones internas, aquellas en las que eternamente nos debatimos, pobres pecadores.

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