domingo, 10 de febrero de 2013

Sombras (IV)




Vengo  observando, en primer lugar, que soy muy maleducado contigo, querida sombra; no te he confesado aún una palabra, de cuánto me complace escucharte y no solo verte. Tú ya sabes que me gusta la sombra como la luz.





Para que haya hermosura en el rostro, transparencia en la palabra, bondad y firmeza en las maneras, la sombra es tan imprescindible como la luz. 





No son enemigas; antes bien, se dan la mano amistosamente, y cuando la luz se marcha, la sombra va en pos de ella. 

                                              El viajero y su sombra. Friedrich Nietzsche ( 1.844-1900)